sábado, 20 de abril de 2013

Piececitos descalzos.

Los niños del corredor.



Deben haber sido varios. Yo nunca los vi, pero claramente los oía correr por el largo pasillo con sus piececitos  descalzos. 
Nuestra casa de adobe tenía una tétrica historia de terror que después supimos. Algún vecino nos contó que ahí vieron tiempo atrás, un sargento y su familia. El matrimonio tenía tres hijas y el hombre era un tirano con ellas ya que las vecinas rara vez las veían en la calle. Siempre era la madre o el padre los que salían a los quehaceres diarios y aunque todos las consideraban, no era de extrañar en ese tiempo que un padre fuera tan celoso de sus hijas.
Algunos vecinos dicen haber escuchado varias veces llantos de bebé dentro de esa casa, pero después veían salir a la señora como sin nada, demostrando obviamente que no había tal.
La familia en cuestión vivió varios años en esa casa y un día se fueron como se iban todos los militares, de repente, sin aviso.
La casa se rentó casi en seguida y no pasó mucho para que la familia que le había tocado en suerte habitarla empezara a platicar que se escuchaban ruidos por las noches, a decir de ellos, oían llorar niños y las bardas del patio parecían cubiertas de llamas al anochecer.
Los piececitos descalzos se escuchaban en el corredor, causando espanto al oscurecer.
No faltó quien sugiriera escarbar en el patio y la sorpresa fue tremenda.
Encontraron restos de varios niños, bebés algunos, enterrados cerca de las bardas del patio.
Las autoridades, al investigar al militar se enteraron que el padre embarazaba a sus hijas con el consentimiento, consiente o no, de la madre y para ocultar el pecado, el mismo sargento mataba a los pequeños y los enterraba en el patio, para salvaguardar las apariencias o tal vez para que al crecer, no le reclamaran su proceder, ni le arrebataran el mando de la casa, aquí debo aclarar que mataba solo a los varones, a las niñas las conservó. Así nos enteramos del origen de las pisadas en nuestro pasillo. Las llamas nunca las vimos, dicen que por que la casa fue bendecida. Al parecer, no fue suficiente ya que la casa parecía llena de sombras y frío, pero seguimos viviendo ahí por muchos años más. Acompañados por las almas de esos pequeños que, habiendo muerto violentamente y sin bautizar, no encontraban descanso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario