miércoles, 24 de abril de 2013

El milagro de la vírgen.

La mujer de piedra. 



La Virgen de San Juan de los Lagos, allá en Jalisco, es una virgen muy milagrosa y todos los años se celebran grandes festejos en su honor. Mi madre nos cuenta muchas historias de milagros realizados por ella, tanto a personas cercanas como a nuestra familia.

Pero dicen que así como es de milagrosa, también se desquita si no cumples una promesa o si yendo a verla reniegas de ir, te quejas o te arrepientes. Entonces sentirás las consecuencias de su ira.
Cuenta mamá que yendo en peregrinación por un camino especialmente agreste y llevando ya varios días caminando, una mujer con un niño de brazos y a quién acompañaba su esposo, empezó a renegar porque ya estaba cansada del largo viaje, a pesar de que ella iba montada en un burro y su esposo a pie, como la mayoría de las personas que sumaban varios cientos según recuerda mi madre.
El esposo, intentaba calmarla, pues ya el niño se estaba poniendo irritable también y lloraba de una manera que taladraba los oídos de quien como la familia de mamá iban cerca de ellos.
Entonces, en un arranque de ira, la mujer dijo las palabras que espantaron a todos los que pudieron escucharla.
-¡Cómo me arrepiento de haber venido! –Gritó histérica-no quiero seguir… -suplicó al esposo- por favor-y diciendo esto se bajó del burrito y se sentó cansadamente en una roca a un lado del camino.
Todos los que escucharon, incluido la familia de mamá la miraron con reprobación y sin decir palabra siguieron su camino. Se podía oír al esposo tratando de convencerla aún con palabras suaves.
-Tenemos que llegar… ya falta poco mujer. Por favor, vamos…- pero ella seguía gritando y llorando, quejándose de su cansancio y del llanto del pequeño que se inquietaba por los gritos de su madre.
De pronto, un grito de espanto, llegó a oídos de la gente que apenas había avanzado algunos metros.
-¡No! ¡No virgencita por favor, no la castigues, no sabía lo que hacía!- muchos regresaron al escuchar los gritos entre ellos mi madre. El hombre abrazaba a su esposa mientras gritaba y lloraba implorando el perdón de la Virgen.
La mujer estaba quieta, asustada y en sus negros ojos se veía incredulidad. Mi madre se acercó más y pudo ver que los pies de la mujer así como parte de sus pantorrillas se estaban poniendo oscuros, del color de la roca donde estaba sentada. 
El rumor se corrió por toda la columna y llegó hasta del Celador Mayor que era el que guiaba la peregrinación. La gente se arremolinaba en torno a la pareja en desgracia y murmuraban que era un castigo de la Virgen, y que la mujer, irremediablemente se haría toda de piedra como muchas otras que se pueden ver por el camino.
El Celador llegó hasta la pareja y escuchó la explicación del marido que no dejaba de llorar, dice mi mamá que ya se podía ver el color de la piedra hasta las rodillas de la mujer.
-Arrepiéntete- le decía el Celador- Ruégale a nuestra Madre su perdón.
-Me arrepiento… me arrepiento-decía sollozando la asustada mujer, pero su cuerpo siguió convirtiéndose en piedra durante horas.
El Guía llamó a rezar a todos los peregrinos- oren por ella hermanos, rueguen el perdón para esta pobre pecadora.
La gente rezaba y rezaba, pero la mujer seguía convirtiéndose en piedra ante la mirada de lástima de todos.
Pasaron las horas y la mujer estaba casi por completo convertida en roca, solo sus brazos y la parte de su cuerpo que sostenía a su bebé conservaba el calor y la textura de un cuerpo humano.
-Quítele al niño-dijo el Celador al esposo- ya no hay nada que hacer por ella...-el esposo dudó un instante y luego resignado retiró al pequeño que empezó a llorar. Los brazos de la mujer empezaron a tomar la textura de la piedra.
-Debe tener hambre-dijo el esposo-y ahora sin su madre, no sé que voy a hacer.
-Miren-dijo alguien y al voltear todos , pudieron ver en el rostro de la mujer, dos gruesas lágrimas que corrían por sus mejillas y solo entonces, y ante los maravillados ojos de los presentes, creyentes todos y fieles devotos de la Virgen, la mujer comenzó a tornarse en piel y huesos de nuevo.
-La Virgen es madre, y cómo madre, no podía dejar huérfano a un bebé-dijo el Celador-Te ha perdonado-le dijo a la mujer-gracias a tus lágrimas, y al llanto de un hijo desamparado.

La mañana apenas empezaba y aún faltaba un largo camino por recorrer, así que continuaron su camino.
A pasar por unas rocas, que extrañamente tenían figuras humanas, el Celador empujó a una de ellas y varios hombres hicieron lo mismo con las demás.
-Estos no tuvieron tanta suerte…-dijo al viento.
-¿Por qué los empuja mamá?-pregunta mi madre a mi abuela.
-Porque hay que ayudarles a llegar al Templo, y tal vez así la Virgen los perdone.

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