Ahí viene el hombre del mal!
Eran los hombres del mal, desafortunadas personas que habiendo tenido contacto con animales rabiosos eran mordidos por ellos y contagiados de la mortal y en esa entonces incurable enfermedad.
Estas personas, una vez enloquecidas por la rabia, corrían por los caminos y entraban a los pueblos y rancherías atacando a quien tuviera la desgracia de encontrarse en su camino.
Así, nos cuenta mi mamá, que estando ella en el patio de su jacal tendiendo ropa, escuchó el tropel de un caballo y los gritos del hombre que el él venía.
-¡Un hombre del mal! ¡Viene un hombre del mal!-sin siquiera detenerse en la ranchería, siguió su camino y su pregón.
Mamá sabía que el rabioso venía unos minutos detrás y que no había tiempo para titubeos.
Sus hijos como los demás niños ya venían corriendo a meterse al jacal para esconderse.
Estos hombres rabiosos, regularmente pasaban de largo por el camino, seguidos por una turba que buscaba matarlos antes de que ellos lo hicieran con algún inocente.
Y así debió ser esta vez, pero la fatalidad iba a enlutar la ranchería.
Un niño pequeño, lloraba en lo alto de un mezquite donde minutos antes jugaba con sus hermanos. Estos al correr se había olvidado de bajarlo y el pequeño estaba asustado. Debe haber tenido unos dos años y a esa edad sabía lo que los gritos significaban o al menos intuía que corría peligro.
Los hermanitos gritaron asustados y el padre se dio cuenta del peligro. El hombre rabioso estaba bajo el mezquite, a escasos centímetros de los pies del pequeño. El llanto del menor había captado su atención. Los de a caballo estaban lejos aún, apenas se veía el polvo que levantaban sus caballos por el camino.
El padre no lo pensó siquiera y machete en mano se lanzó gritando desesperado hacia donde estaba su hijo en peligro. El machete en alto, listo para atacar.
Nos cuenta mi mamá que una característica de los rabiosos es la fuerza sobrehumana que adquieren. Dice que se necesitaban más de diez hombres para poder agarrar a uno de ellos, y que aún así a veces no lo lograban.
Sería por eso que un solo hombre con un machete, no alcanzó a asestar ni un solo golpe antes de ser horriblemente masacrado ante la mirada aterrorizada, no solo de toda la ranchería sino de su propia familia.
Los rancheros que perseguían al rabioso llegaron al lugar para ver como mordía el cuerpo del hombre ya inerte y lo despedazaba fácilmente.
Al reaccionar sacaron sus carabinas y las descargaron sobre los dos cuerpos. El rabioso, aún con tantos tiros en el cuerpo se abalanzó sobre los primeros caballos .Uno de los jinetes ya había sacado su machete y sin miramientos cortó lo cabeza del iracundo hombre.
Pusieron la cabeza en un costal y así como llegaron, se fueron, dejando en la ranchería los dos cuerpos sangrantes.
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