Del libro Relatos de mis abuelos.
Era este un matrimonio joven y vivían en una choza, lejana de cualquier pueblo.
Ella una mujer muy hermosa, de ojos claros y gatunos, y el un ranchero común, con apenas lo necesario para vivir.
A los pocos días de casados, el inquieto esposo se da cuenta que ella no come jamás frente a el aduciendo que ya comió antes o que simplemente no tiene hambre. Se da cuenta también, que por las noches, cuando ella cree que duerme, sale de la choza y regresa poco antes de amanecer.
Un poco receloso, comenta esto en una de las pocas visitas que hace a su madre, afincada en una ranchería de la región.
Su hermana, recelosa siempre de que una mujer tan bella se haya casado con su hermano, le previene de qué se trata de una bruja, de que no come, porque no come lo mismo que él, y de sus salidas nocturnas, le dice que sale seguramente a buscar su alimento, que puede ser sangre humana o animales pequeños.
El hombre se carcajea, no puede creer que su hermana hable en serio.
--Estás loca, no puedes creer esos en serio.
-Todas las brujas-le dice ella- para salir en las noches se ponen los ojos de un gato, que siempre está cerca de ellas y sus ojos los esconden entre las cenizas del fogón.
El hombre queda pensativo. Varios detalles checan con lo que la hermana dice.
-Cuando vuelvan a su casa-aconseja la hermana- hazte el dormido, y cuando se haya ido busca entre las cenizas y encontrarás sus ojos. Escóndelos y espera a que llegue.El hombre, aun sin creer, regresa a su jacal donde su amorosa esposa lo espera.
Esa noche, se van a dormir temprano como todos los días.
Apenas pasada una hora y creyendo que su marido duerme, la jóven deja el lecho y sigilosamente abandona su casa.
-No puede ser!!- el marido, sorprendido se levanta de la cama y decide seguirla. Apenas han pasado unos minutos de que la mujer abandonó el hogar, pero ya no hay ni rastro de ella. La oscuridad es densa en torno a la casita y el hombre regresa adentro, recordando las palabras de su hermana.
Buscó y encontró los ojos de su mujer en las cenizas y los escondió.
Poco antes de que amaneciera la escuchó llegar y se levantó-de donde vienes mujer?-fingió.
-Salí a hacer mis necesidades-explicó sin voltear a verlo-ya que te levantaste tan temprano prenderé el fogón para calentar el café.
-Me parece bien- dijo él-así me iré temprano a la milpa.
Fingió alejarse del fogón, y al regresar a espiar, vió a la desesperada mujer buscando entre las cenizas.
-¿Que buscas?-La mujer se sobresaltó-a ver, voltea a verme.
-No, no- ella agachaba la cabeza, en un vano intento por ocultar sus ojos. Mientras encendía la leña
El hombre al fin le sostuvo la cara y pudo ver a su esposa. Sus ojos eran los del gato. Despertó al animal que corrió topándose con todo.
-En verdad eres una bruja-afirmó.
El llanto brotó de los ojos de la bruja-si, lo soy, pero en verdad te quiero. No quería que lo supieras porque tenía miedo de que tú no me quisieras.
-Devuélveme mis ojos-imploró-y tendrás todo lo que siempre has soñado.
-¿Los quieres?-los sacó de su bolsillo-pues ve por ellos- y diciendo esto los arrojó a la lumbre.
-¡No!!! Que has hecho?-intentó acercarse al fuego, pero el marido lo evitó-te mataré!!! –gritó ella enloquecida de rabia.
El hombre tomó su machete y sin más cortó la cabeza de la mujer. La enterró por allá, y a quienes preguntaron les dijo que un buen día, ella decidió volver con su familia.
Así, quedo el hombre solo en su choza, lo acompañaba un gato, ciego por cierto.
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