Mi padre fue a llevar la manada de burros a pastar muy lejos del rancho, en los terrenos mas alejados de la propiedad. Los animales comerían y se ejercitarían hasta que al caer la tarde él debería devolverlos a su corral.
Eran 30 los burros que conformaban la manada. Mi padre ensilló uno y se dispuso a cumplir con la tarea encomendada.
Empezaba a caer el sol cuando mi padre se puso a juntar la manada para devolverlos a sus corrales.
Una vez juntos los animales los contó una y otra vez, para comprobar, preocupado que le faltaba un burro.
-No puede ser. Mi padre me matará-pensaba preocupado.
Dejó a los animales al resguardo de los perros y se fue a los alrededores a buscar al animal. No podía dejarlo en medio del campo porque al caer la noche sería fácil presa de los depredadores, y el no tendría modo de reponérselo a su padre. Siguió buscando hasta casi entrada la noche, pero al ver sus intentos vanos decidió afrontar el castigo que le esperaba y volvió a casa.
Su familia lo esperaba preocupada.
-Por qué se tardó tanto Chepe?-dijo preocupada su mamá.
-Se me perdió un burro madre-el gesto de horror de su madre reavivó su propio miedo.
-¡José!!!- El grito de su padre lo sobresaltó-¿por qué llegas hasta horita?
-No hallaba un burro- dijo mirando a su padre,y esperando resignado el castigo.
-Pues que bueno que si lo hallaste- dijo su padre dejándolo solo y sorprendido.
Rápidamente fue a los corrales y comprobó que los treinta burros estaba en sus corrales. Uno de ellos todavía con los aparejos de montar que el le había puesto.
Mi padre había estado montando el burro perdido durante todo el día.
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