Había gran revuelo en el pueblo, la gente corría de un lado a otro, gritando la horrible noticia a quienes se encontraban su paso.
-Hallaron un muerto en la hondonada!! Parece que es Fidel Hurtado, el hijo de Nachito- decía la muchachita a su mamá que se santiguó. Fidel era bien conocido en la pequeña comunidad, ya que ésta estaba formada casi por puros familiares.
-Válgame la virgen!!-exclamó la mujer- pobre Nachito... y su madre!! pobre mujer...!!
-Con tanto escándalo, la fatal noticia llegó pronto a oídos de la familia del desafortunado difunto.
-Doñita... doñita!!!-Mónica salió presurosa , secándose las manos en su delantal-Hallaron muerto a Fidel.
-Virgen de la Luz!!-la cara de la pobre madre se puso pálida como la cera y su voz se hizo un chillido-Mi Fidel... mi Fidelito!!!- logró articular. Su esposo acude presuroso al oír los gritos de su mujer.
-Que pasa Mónica?- la cara de la mujer, desencajada por el dolor y la sorpresa lo asusta-Dime mujer...dime!!!
-Fidel...-solo acierta a decir la devastada madre.
Todos los hombre del pueblo se encaminan a la hondonada. Todos ayudan en las desgracias, y esta no será una excepción.
Llevan cuerdas, herramientas, varios caballos. Algunas mujeres los siguen de cerca cargadas con veladoras y flores, porque es bien sabido que hay que alumbrar el camino de las almas, desde el preciso lugar donde partieron.
Las labores de rescate son arduas, pero nadie desfallece. La tarde anuncia la inminente llegada de la noche. Llevan varios intentos, pero no han podido acercarlo ni siquiera a la mitad de la escarpada pared de la hondonada.
Si los agarra la noche, todo será mas difícil y tendrán que suspender hasta la mañana siguiente.
-La última y nos vamos!!- grita alguno-si no, ya será mañana.-Don Nachito y su esposa se miran desolados.
Algunos momentos después renace la esperanza al escuchar a uno de los hombres- Ahí viene ya !!-Las cuerdas son jaladas con renovados bríos ante la noticia. Momentos después el hombre, o lo que queda de el es colocado sobre el zacate . Todos se acercan a verlo, las mujeres se santiguan, los hombres murmuran.
-Que pasa?- dice Don Nachito. Todos se callan- Que pasa? repite el hombre.
-Pos que no fue accidente Don Nacho... dice uno de ellos a media voz-A su hijo lo balearon y lo tiraron aquí...el no se cayó- El rostro del padre esta lívido, la madre llora aún con más fuerza. Los murmullos suben de tono, con rabia, con enojo.
-Hay que avisarle a la autoridad... esto fue un crimen.-Todos asienten. Colocan los despojos de Fidel en una improvisada camilla para llevarlo a la casa de sus padres.
Pasaron semanas , sin embargo, y nada se supo del asesino. El representante de la ley, venido de la cabecera municipal, nada pudo hacer. El cuerpo habia sido movido y cuando el hubo llegado, el cuerpo de fidel ya habia sido lavado y preparado por sus familiares para enterrarlo.
-No hay nada que pueda hacer señores.-y se marcho del rancho.
En el Saucillo todos se conocen y la mayoría están emparentados, todos se preguntan quién pudo matar al hombre, se miran con recelo, con suspicacia . Todos opinan y comentan, en sus casas y en las calles. Hay muchos sospechosos ya que Fidel tennia mala fama. Cuando tomaba era buscapleitos, ofensivo. Lanzaba piropos a las mujeres sin importarle con quién fueran, causaba destrozos en las parcelas , en fin, toda una fichita.
Hasta que un día, apenas oscurecido, los gritos desgarradores de un hombre poblaron la noche.
-No!!... déjame...déjame!!!-pasó por la calle que cruzaba la ranchería-Ayúdenme...ayúdenme!!- a su paso, fueron saliendo los vecino de sus jacales, asustados, espectantes.
-Quién es?? Que pasa??- decían todos.
-Es Joel ...Lo anda siguiendo un muerto-dijo uno de sus primos-Tiene días que se le carga y lo persigue...
-Pobre!! -y ya fue con el padre para que le rece?- el que había hablado ante se encongió de hombros.
La escena se hizo tan común al paso de los días que ya pocos salían a verlo cuando pasaba corriendo y gritando.
Un día ya no se escuchó. Fidel se había marchado . Dijo su primo que decidió irse al Norte a buscar a uno de los hermanos, porque ya no podía dormir ni aunque se ahogaba de borracho. Que el difunto no lo dejaba ni de día ni de noche y que su familia le aconsejó que se fuera del pueblo a ver si así el muertito lo dejaba en paz.
Regresó a los dos meses, flaco, ojersoso, desquiciado. No era ni sombra del muchacho que era.
Contó a sus familiares que el difunto lo siguio hasta el otro lado. Que le hablaba al oído, que lo jalaba de los pies y lo arrastraba con tal fuerza que lo sacaba de los campamentos donde trabajaba.
-Ya no puedo más mamá!!-dijo llorando amargamente-El muertito es mi compadre y no me dejará en paz hasta que les diga que ... yo lo matéeeee!!! sollozos estremecían su cuerpo. Sus familiares se horrorizaron al oirlo, su padre lo abofeteó, su madre lo santiguó.
La voz se corrió por el pueblo y Los padres de Fidel se enteraron de buena fuente que había sido Joel, el compadre de Fidel el que lo había matado.
-Estábamos muy tomados- contó Joel-cerca del Ojo de Agua. De repente empezamos a pelear ya ni sé porque.Empezó a pegarme, me tiro a la tierra y agarró una piedrota para partirme la cabeza. Yo traía la pistola y le disparé...iba a matarme...iba a matarme...-sollozó de nuevo.-Don Nachito y su esposas, escuchan todo en silencio junto a casi todo el pueblo que abarrotaba la pequeña propiedad de los padres de Joel.
Luego uno a uno fueron saliendo, murmurando y negando con la cabeza.
-Eran compadres- dijo uno de ellos- Eso no lo perdona Dios.-Joel y su familia también lo saben.
Esa noche antes de irse a dormir, la madre junto con varias mujeres del pueblo, lo rodean y le rezan interminablemente.Pasan las horas, de repente Joel empieza a gritar y mira con ojos desorbitados hacia una esquina de su jacal
-No compadre!! No! perdóneme!! -Una fuerza invisible abre una brecha entre el círculo de mujeres y arrebata al despavorido hombre llevándolo a rastras hacia afuera del jacal.
Joel no para de gritar-Perdón...PERDÓN!!!- Pero de nada valen sus suplicas el horrorizado hombre es arrastrado por las calles del pueblo por el alma de su difunto compadre que no lo perdona.
A su paso, hombres y mujeres se persinan y rezan, nadie sale a ver como es llevado de los pies por el camino de tierra en dirección a la hondonada.
Lo encuentran a día siguiente, mas que su cuerpo destrozado, horroriza la expresión de su rostro.
Decía mi abuelita que ¨¨MATAR A UN COMPADRE ES UN PECADO MUY GRANDE PORQUE ELLOS SE HERMANARON ANTE DIOS¨¨
sábado, 27 de abril de 2013
miércoles, 24 de abril de 2013
El milagro de la vírgen.
La mujer de piedra.
La Virgen de San Juan de los Lagos, allá en Jalisco, es una virgen muy milagrosa y todos los años se celebran grandes festejos en su honor. Mi madre nos cuenta muchas historias de milagros realizados por ella, tanto a personas cercanas como a nuestra familia.
Pero dicen que así como es de milagrosa, también se desquita si no cumples una promesa o si yendo a verla reniegas de ir, te quejas o te arrepientes. Entonces sentirás las consecuencias de su ira.
Cuenta mamá que yendo en peregrinación por un camino especialmente agreste y llevando ya varios días caminando, una mujer con un niño de brazos y a quién acompañaba su esposo, empezó a renegar porque ya estaba cansada del largo viaje, a pesar de que ella iba montada en un burro y su esposo a pie, como la mayoría de las personas que sumaban varios cientos según recuerda mi madre.
El esposo, intentaba calmarla, pues ya el niño se estaba poniendo irritable también y lloraba de una manera que taladraba los oídos de quien como la familia de mamá iban cerca de ellos.
Entonces, en un arranque de ira, la mujer dijo las palabras que espantaron a todos los que pudieron escucharla.
-¡Cómo me arrepiento de haber venido! –Gritó histérica-no quiero seguir… -suplicó al esposo- por favor-y diciendo esto se bajó del burrito y se sentó cansadamente en una roca a un lado del camino.
Todos los que escucharon, incluido la familia de mamá la miraron con reprobación y sin decir palabra siguieron su camino. Se podía oír al esposo tratando de convencerla aún con palabras suaves.
-Tenemos que llegar… ya falta poco mujer. Por favor, vamos…- pero ella seguía gritando y llorando, quejándose de su cansancio y del llanto del pequeño que se inquietaba por los gritos de su madre.
De pronto, un grito de espanto, llegó a oídos de la gente que apenas había avanzado algunos metros.
-¡No! ¡No virgencita por favor, no la castigues, no sabía lo que hacía!- muchos regresaron al escuchar los gritos entre ellos mi madre. El hombre abrazaba a su esposa mientras gritaba y lloraba implorando el perdón de la Virgen.
La mujer estaba quieta, asustada y en sus negros ojos se veía incredulidad. Mi madre se acercó más y pudo ver que los pies de la mujer así como parte de sus pantorrillas se estaban poniendo oscuros, del color de la roca donde estaba sentada.
El rumor se corrió por toda la columna y llegó hasta del Celador Mayor que era el que guiaba la peregrinación. La gente se arremolinaba en torno a la pareja en desgracia y murmuraban que era un castigo de la Virgen, y que la mujer, irremediablemente se haría toda de piedra como muchas otras que se pueden ver por el camino.
El Celador llegó hasta la pareja y escuchó la explicación del marido que no dejaba de llorar, dice mi mamá que ya se podía ver el color de la piedra hasta las rodillas de la mujer.
-Arrepiéntete- le decía el Celador- Ruégale a nuestra Madre su perdón.
-Me arrepiento… me arrepiento-decía sollozando la asustada mujer, pero su cuerpo siguió convirtiéndose en piedra durante horas.
El Guía llamó a rezar a todos los peregrinos- oren por ella hermanos, rueguen el perdón para esta pobre pecadora.
La gente rezaba y rezaba, pero la mujer seguía convirtiéndose en piedra ante la mirada de lástima de todos.
Pasaron las horas y la mujer estaba casi por completo convertida en roca, solo sus brazos y la parte de su cuerpo que sostenía a su bebé conservaba el calor y la textura de un cuerpo humano.
-Quítele al niño-dijo el Celador al esposo- ya no hay nada que hacer por ella...-el esposo dudó un instante y luego resignado retiró al pequeño que empezó a llorar. Los brazos de la mujer empezaron a tomar la textura de la piedra.
-Debe tener hambre-dijo el esposo-y ahora sin su madre, no sé que voy a hacer.
-Miren-dijo alguien y al voltear todos , pudieron ver en el rostro de la mujer, dos gruesas lágrimas que corrían por sus mejillas y solo entonces, y ante los maravillados ojos de los presentes, creyentes todos y fieles devotos de la Virgen, la mujer comenzó a tornarse en piel y huesos de nuevo.
-La Virgen es madre, y cómo madre, no podía dejar huérfano a un bebé-dijo el Celador-Te ha perdonado-le dijo a la mujer-gracias a tus lágrimas, y al llanto de un hijo desamparado.
La mañana apenas empezaba y aún faltaba un largo camino por recorrer, así que continuaron su camino.
A pasar por unas rocas, que extrañamente tenían figuras humanas, el Celador empujó a una de ellas y varios hombres hicieron lo mismo con las demás.
-Estos no tuvieron tanta suerte…-dijo al viento.
-¿Por qué los empuja mamá?-pregunta mi madre a mi abuela.
-Porque hay que ayudarles a llegar al Templo, y tal vez así la Virgen los perdone.
La Virgen de San Juan de los Lagos, allá en Jalisco, es una virgen muy milagrosa y todos los años se celebran grandes festejos en su honor. Mi madre nos cuenta muchas historias de milagros realizados por ella, tanto a personas cercanas como a nuestra familia.
Pero dicen que así como es de milagrosa, también se desquita si no cumples una promesa o si yendo a verla reniegas de ir, te quejas o te arrepientes. Entonces sentirás las consecuencias de su ira.
Cuenta mamá que yendo en peregrinación por un camino especialmente agreste y llevando ya varios días caminando, una mujer con un niño de brazos y a quién acompañaba su esposo, empezó a renegar porque ya estaba cansada del largo viaje, a pesar de que ella iba montada en un burro y su esposo a pie, como la mayoría de las personas que sumaban varios cientos según recuerda mi madre.
El esposo, intentaba calmarla, pues ya el niño se estaba poniendo irritable también y lloraba de una manera que taladraba los oídos de quien como la familia de mamá iban cerca de ellos.
Entonces, en un arranque de ira, la mujer dijo las palabras que espantaron a todos los que pudieron escucharla.
-¡Cómo me arrepiento de haber venido! –Gritó histérica-no quiero seguir… -suplicó al esposo- por favor-y diciendo esto se bajó del burrito y se sentó cansadamente en una roca a un lado del camino.
Todos los que escucharon, incluido la familia de mamá la miraron con reprobación y sin decir palabra siguieron su camino. Se podía oír al esposo tratando de convencerla aún con palabras suaves.
-Tenemos que llegar… ya falta poco mujer. Por favor, vamos…- pero ella seguía gritando y llorando, quejándose de su cansancio y del llanto del pequeño que se inquietaba por los gritos de su madre.
De pronto, un grito de espanto, llegó a oídos de la gente que apenas había avanzado algunos metros.
-¡No! ¡No virgencita por favor, no la castigues, no sabía lo que hacía!- muchos regresaron al escuchar los gritos entre ellos mi madre. El hombre abrazaba a su esposa mientras gritaba y lloraba implorando el perdón de la Virgen.
La mujer estaba quieta, asustada y en sus negros ojos se veía incredulidad. Mi madre se acercó más y pudo ver que los pies de la mujer así como parte de sus pantorrillas se estaban poniendo oscuros, del color de la roca donde estaba sentada.
El rumor se corrió por toda la columna y llegó hasta del Celador Mayor que era el que guiaba la peregrinación. La gente se arremolinaba en torno a la pareja en desgracia y murmuraban que era un castigo de la Virgen, y que la mujer, irremediablemente se haría toda de piedra como muchas otras que se pueden ver por el camino.
El Celador llegó hasta la pareja y escuchó la explicación del marido que no dejaba de llorar, dice mi mamá que ya se podía ver el color de la piedra hasta las rodillas de la mujer.
-Arrepiéntete- le decía el Celador- Ruégale a nuestra Madre su perdón.
-Me arrepiento… me arrepiento-decía sollozando la asustada mujer, pero su cuerpo siguió convirtiéndose en piedra durante horas.
El Guía llamó a rezar a todos los peregrinos- oren por ella hermanos, rueguen el perdón para esta pobre pecadora.
La gente rezaba y rezaba, pero la mujer seguía convirtiéndose en piedra ante la mirada de lástima de todos.
Pasaron las horas y la mujer estaba casi por completo convertida en roca, solo sus brazos y la parte de su cuerpo que sostenía a su bebé conservaba el calor y la textura de un cuerpo humano.
-Quítele al niño-dijo el Celador al esposo- ya no hay nada que hacer por ella...-el esposo dudó un instante y luego resignado retiró al pequeño que empezó a llorar. Los brazos de la mujer empezaron a tomar la textura de la piedra.
-Debe tener hambre-dijo el esposo-y ahora sin su madre, no sé que voy a hacer.
-Miren-dijo alguien y al voltear todos , pudieron ver en el rostro de la mujer, dos gruesas lágrimas que corrían por sus mejillas y solo entonces, y ante los maravillados ojos de los presentes, creyentes todos y fieles devotos de la Virgen, la mujer comenzó a tornarse en piel y huesos de nuevo.
-La Virgen es madre, y cómo madre, no podía dejar huérfano a un bebé-dijo el Celador-Te ha perdonado-le dijo a la mujer-gracias a tus lágrimas, y al llanto de un hijo desamparado.
La mañana apenas empezaba y aún faltaba un largo camino por recorrer, así que continuaron su camino.
A pasar por unas rocas, que extrañamente tenían figuras humanas, el Celador empujó a una de ellas y varios hombres hicieron lo mismo con las demás.
-Estos no tuvieron tanta suerte…-dijo al viento.
-¿Por qué los empuja mamá?-pregunta mi madre a mi abuela.
-Porque hay que ayudarles a llegar al Templo, y tal vez así la Virgen los perdone.
sábado, 20 de abril de 2013
Huésped inesperado (Enriquito)
Mi primer contacto con la ouija.
Entre mi sueño, escuché una respiración entrecortada,algo asi como el jadeo de un animal perseguido.
Desperté sobresaltada y seguí escuchando el mismo sonido, ahora supe que provenía de afuera de mi ventana.Pensé que era el perro de la casa que perseguía algún animal nocturno de los que pululaban por los patios de las casas vecinas, que aún estaba en construcción.
Aguzé el oído, se escuchaba muy cerca, como si estuviera bajo mi ventana.
Un poco temerosa levanté mi cabeza de la almohada y lentamente me asomé.No había nadie, la luz de la luna iluminaba el patio completamente, sin embargo, el jadeo seguía escuchándose justo ahí, donde no había nada.
Un día compre una OUIJA, no sé ni por qué lo hice. La vi, la tomé y la llevé a mi casa,y esa noche, sola, con la luz apagada y auxiliada por una vela encendida, la puse sobre la pequeña mesita de madera donde escribía mis poesías, y sin leer las instrucciones empecé a usarla.
Pude sentir el poder que emanaba de la tabla, subir por mis brazos y apoderarse de mi cuerpo.
-Hay algún espíritu aquí?-tembló un poco mi voz susurrante.
El trozo de madera que hace de indicador se movió, lento al principio...¡SI! señaló.
Así supe que el fantasma que habitaba mi cuarto se llamaba Enrique.
Me dijo que al morir tenía 32 años.
-¿Tuviste una muerte violenta?-si…-un accidente?-el pedazo de madera se quedó quieto y se perdió el contacto.
No tenía miedo. Sentía una extraña fascinación por todo lo que estaba pasando. Pasaron varios días para que volviera a usar la tabla, ya que me ocupaba en la casa o con las tareas de la escuela.
En mi cuarto se caían las cosas y una vez al estar escribiendo, el lápiz fue arrebatado de mi mano volando a un metro de donde yo estaba. Era como un juego, a veces se desaparecían cosas, objetos que luego aparecían en lugares donde ya se había buscado o donde no era posible que estuvieran.
Volví a usar la tabla y así supe la historia.
Donde ahora estaban las casas del fraccionamiento, fueron en años anteriores grandes terrenos baldíos en torno a centros de juego, cantinas y prostíbulos que se suponía estaban fuera de la ciudad y a las que el desarrollo alcanzó.
El iba noche tras noche a una de esas casas de juego a apostar en la baraja.
El fatídico día la suerte pareció sonreírle como hacía mucho no pasaba. Ganó una gran cantidad de dinero provocando la molestia de sus compañeros de juego, al parecer todos desconocidos.
A las once de la noche, y no habiendo más dinero en la mesa, Enrique se levantó y tomando todo el dinero ganado se despidió de sus compañeros ocasionales.
-No te puedes llevar el dinero- le dijo uno-si te vas tienes que devolverlo.-algo en su voz mostraba una amenaza.
-No lo creo-contestó el-gané y no hay dinero encima de la mesa, por lo tanto el juego terminó señores.
-No te lo vas a llevar…-Amenazó otro-déjalo y vete…por tu bien. El no hizo caso y salió del lugar percatándose que los hombres lo seguían. Se adentró en la espesa oscuridad que rodeaba la construcción y apresuró el paso sintiendo más que viendo
a quienes lo perseguían.
Le dieron alcance y lo rodearon. Su respiración era entrecortada, jadeante, más por el miedo que por la carrera. La escasa luz de la luna, al filtrarse por entre las oscuras nubes, iluminó las hojas de los cuchillos que le dieron muerte.
Gritó, gritó mucho, pero nadie lo escuchó. La gente mas cercana estaba en la casa de juego y la música hacía imposible escuchar cualquier cosa.
Le quitaron el dinero y lo dejaron ahí, tirado entre matorrales y basura.
Por eso, cada noche busca escapar de sus captores, y cada noche lo alcanzan.
Entre mi sueño, escuché una respiración entrecortada,algo asi como el jadeo de un animal perseguido.
Desperté sobresaltada y seguí escuchando el mismo sonido, ahora supe que provenía de afuera de mi ventana.Pensé que era el perro de la casa que perseguía algún animal nocturno de los que pululaban por los patios de las casas vecinas, que aún estaba en construcción.
Aguzé el oído, se escuchaba muy cerca, como si estuviera bajo mi ventana.
Un poco temerosa levanté mi cabeza de la almohada y lentamente me asomé.No había nadie, la luz de la luna iluminaba el patio completamente, sin embargo, el jadeo seguía escuchándose justo ahí, donde no había nada.
Un día compre una OUIJA, no sé ni por qué lo hice. La vi, la tomé y la llevé a mi casa,y esa noche, sola, con la luz apagada y auxiliada por una vela encendida, la puse sobre la pequeña mesita de madera donde escribía mis poesías, y sin leer las instrucciones empecé a usarla.
Pude sentir el poder que emanaba de la tabla, subir por mis brazos y apoderarse de mi cuerpo.
-Hay algún espíritu aquí?-tembló un poco mi voz susurrante.
El trozo de madera que hace de indicador se movió, lento al principio...¡SI! señaló.
Así supe que el fantasma que habitaba mi cuarto se llamaba Enrique.
Me dijo que al morir tenía 32 años.
-¿Tuviste una muerte violenta?-si…-un accidente?-el pedazo de madera se quedó quieto y se perdió el contacto.
No tenía miedo. Sentía una extraña fascinación por todo lo que estaba pasando. Pasaron varios días para que volviera a usar la tabla, ya que me ocupaba en la casa o con las tareas de la escuela.
En mi cuarto se caían las cosas y una vez al estar escribiendo, el lápiz fue arrebatado de mi mano volando a un metro de donde yo estaba. Era como un juego, a veces se desaparecían cosas, objetos que luego aparecían en lugares donde ya se había buscado o donde no era posible que estuvieran.
Volví a usar la tabla y así supe la historia.
Donde ahora estaban las casas del fraccionamiento, fueron en años anteriores grandes terrenos baldíos en torno a centros de juego, cantinas y prostíbulos que se suponía estaban fuera de la ciudad y a las que el desarrollo alcanzó.
El iba noche tras noche a una de esas casas de juego a apostar en la baraja.
El fatídico día la suerte pareció sonreírle como hacía mucho no pasaba. Ganó una gran cantidad de dinero provocando la molestia de sus compañeros de juego, al parecer todos desconocidos.
A las once de la noche, y no habiendo más dinero en la mesa, Enrique se levantó y tomando todo el dinero ganado se despidió de sus compañeros ocasionales.
-No te puedes llevar el dinero- le dijo uno-si te vas tienes que devolverlo.-algo en su voz mostraba una amenaza.
-No lo creo-contestó el-gané y no hay dinero encima de la mesa, por lo tanto el juego terminó señores.
-No te lo vas a llevar…-Amenazó otro-déjalo y vete…por tu bien. El no hizo caso y salió del lugar percatándose que los hombres lo seguían. Se adentró en la espesa oscuridad que rodeaba la construcción y apresuró el paso sintiendo más que viendo
a quienes lo perseguían.
Le dieron alcance y lo rodearon. Su respiración era entrecortada, jadeante, más por el miedo que por la carrera. La escasa luz de la luna, al filtrarse por entre las oscuras nubes, iluminó las hojas de los cuchillos que le dieron muerte.
Gritó, gritó mucho, pero nadie lo escuchó. La gente mas cercana estaba en la casa de juego y la música hacía imposible escuchar cualquier cosa.
Le quitaron el dinero y lo dejaron ahí, tirado entre matorrales y basura.
Por eso, cada noche busca escapar de sus captores, y cada noche lo alcanzan.
Y llovieron peces.
Del libro Relatos de mis abuelos.
Amenazaba tormenta en el pueblo donde vivía mi familia.Las madres se apresuraron a recoger a sus hijos a la protección de las endebles chozas de madera y palma; sabían que venía algo grande. El cielo se oscureció y las nubes rugían furiosamente. El viento arreciaba por momentos sacudiendo las casas y los árboles.Todos se santiguaban religiosamente al escuchar el ensordecedor sonido de la tormenta.
De pronto apareció en el horizonte un enorme embudo que giraba de manera impresionante. El enorme titán se posicionó arriba de la presa cercana al poblado, absorbió toda el agua de ésta y casi de manera inmediata la dejó caer sobre el pueblo.Aquello no eran gotas sino chorros de agua, oleadas , marejadas de agua oscura, terregosa que de inmediato inundó las callecitas de piedra del pequeño poblado, corriendo hacia las salidas mas cercanas, arrasando parcelas, corrales y casas, llevándose animales y enseres, asi como alimentos que sacaba de las mismas fincas.
Minutos duró el meteoro, minutos que se antojaron eternos.
Temerosos los habitantes salieron a ver los estragos que había dejado aquella tormenta, las calles solo estaban mojadas, el agua había encontrado su salida natural y había abandonado el poblado.
S in embargo toda clase de peces y flora acuática tapizaban el lugar, ante el asombro de los lugareños, que se santiguaron frente a tal portento.
Amenazaba tormenta en el pueblo donde vivía mi familia.Las madres se apresuraron a recoger a sus hijos a la protección de las endebles chozas de madera y palma; sabían que venía algo grande. El cielo se oscureció y las nubes rugían furiosamente. El viento arreciaba por momentos sacudiendo las casas y los árboles.Todos se santiguaban religiosamente al escuchar el ensordecedor sonido de la tormenta.
De pronto apareció en el horizonte un enorme embudo que giraba de manera impresionante. El enorme titán se posicionó arriba de la presa cercana al poblado, absorbió toda el agua de ésta y casi de manera inmediata la dejó caer sobre el pueblo.Aquello no eran gotas sino chorros de agua, oleadas , marejadas de agua oscura, terregosa que de inmediato inundó las callecitas de piedra del pequeño poblado, corriendo hacia las salidas mas cercanas, arrasando parcelas, corrales y casas, llevándose animales y enseres, asi como alimentos que sacaba de las mismas fincas.
Minutos duró el meteoro, minutos que se antojaron eternos.
Temerosos los habitantes salieron a ver los estragos que había dejado aquella tormenta, las calles solo estaban mojadas, el agua había encontrado su salida natural y había abandonado el poblado.
S in embargo toda clase de peces y flora acuática tapizaban el lugar, ante el asombro de los lugareños, que se santiguaron frente a tal portento.
Me chupó la bruja!
Nos platicó mi mamá, que en uno de los muchos ranchos que conocieron, - mi abuelo siguió de andariego, llevando con el a su familia por todos esos caminos-se hablaba de la existencia de una bruja, que acostumbraba chupar la sangre de los bebés, durante algunos días hasta que el pequeñito moría.
Dice también, que a ellos les tocó ver a uno de estos niños. Platica que los taloncitos del niño presentaban las huellas de la succión del vital líquido y que la mamá asustada lloraba, sabiendo que la bruja volvería esa noche y las siguientes hasta que el niño muriera.
Mi abuelito Venancio, bronco y malhablado gritó en medio del jacal- ¡pin$% bruja, ven a chuparme las nalgas a mí!
Nunca lo hubiera dicho. A la mañana siguiente, efectivamente, en las posaderas de mi abuelo, estaba la clara huella de la visita nocturna de la susodicha.
Dice mi mamá que antes de que anocheciera, salieron del pueblo aquel sin voltear siquiera.
Dice también, que a ellos les tocó ver a uno de estos niños. Platica que los taloncitos del niño presentaban las huellas de la succión del vital líquido y que la mamá asustada lloraba, sabiendo que la bruja volvería esa noche y las siguientes hasta que el niño muriera.
Mi abuelito Venancio, bronco y malhablado gritó en medio del jacal- ¡pin$% bruja, ven a chuparme las nalgas a mí!
Nunca lo hubiera dicho. A la mañana siguiente, efectivamente, en las posaderas de mi abuelo, estaba la clara huella de la visita nocturna de la susodicha.
Dice mi mamá que antes de que anocheciera, salieron del pueblo aquel sin voltear siquiera.
La culebra.
Del libro Relatos de mis abuelos.
En los tiempos inexplicables de mis abuelos, sucedía de vez en vez, la llegada de una culebra.
Era esta una gran tormenta que bullía en el cielo. Las negras nubes parecían rodar y retorcerse, mientras se escuchaba un ruido ensordecedor que atemorizaba a toda la gente. La culebra o el también llamado Lagarto acarreaba para los pueblos un gran desastre. Arrasaba jacales, sembradíos, se llevaba gente y ganado por igual. Es lo que ahora he conocido como Tromba.
Mi abuela Luz era una curandera ,bruja o chamán con un gran poder, para el cual se auxiliaba de variadas hierbas por ella conocidas, y con la devoción católica por las Ánimas del Purgatorio a las cuales rezaba de manera invariable.
Ocurrió que una vez, estando ella de visita en casa de mi madre en el pueblo donde en ese momento vivía, una de estas tormentas amenazó el lugar, las negras nubes cuajadas de rayos y rugiendo amenazadoramente parecían salir de atrás de los cerros que rodeaban el poblado.
Mi abuela, sin temor alguno salió al camino, frente a la tormenta y armada solo con un machete y un puñado de ceniza, comenzó a rezar; hizo en el suelo una cruz con la ceniza y dirigiéndose a la tormenta hizo la señal de cortarla por la mitad con el machete que relumbraba con los rayos. Los vientos que azotaban su cuerpo, por momentos parecían moverla. Su vestido y el largo cabello negro ondeaban furiosamente, pero ni eso la amedrentó, ella siguió invocando su fé y ordenando a la tormenta que se deshiciera.
-¡Aquiétate!! Decía mirando al cielo embravecido-Te lo mando. ¡Te lo ordeno!!
Fueron minutos de lucha intensa entre la mujer y la naturaleza, al cabo de instantes que parecieron eternos, la tormenta se disipó dejando tan solo algunas gotas de lluvia. Voltearon todos al cielo y se dieron cuanta asombrados que la amenazadora culebra había desaparecido.
-Gracias Doña Luz!¡ Gracias!-los pobladores besaban reverentes las manos de la mujer que los había salvado. Ella impasible, se separó de la multitud y tomó el camino a casa de mi madre.
Era mi abuela una mujer extrañamente fuerte de espíritu. Una luz interior parecía rodearla siempre.
Poseía un gran conocimiento herbolario, que heredó en parte a sus hijas, hablaba veía y dominaba las almas errantes, a las cuales encaminaba al cielo o a las Penas de San Francisco, un lugar donde, al parecer, sufrían peores castigos que en el purgatorio.
Creo que de ella heredé la luz que no me dejó llegar a las tinieblas por completo.
En los tiempos inexplicables de mis abuelos, sucedía de vez en vez, la llegada de una culebra.
Era esta una gran tormenta que bullía en el cielo. Las negras nubes parecían rodar y retorcerse, mientras se escuchaba un ruido ensordecedor que atemorizaba a toda la gente. La culebra o el también llamado Lagarto acarreaba para los pueblos un gran desastre. Arrasaba jacales, sembradíos, se llevaba gente y ganado por igual. Es lo que ahora he conocido como Tromba.
Mi abuela Luz era una curandera ,bruja o chamán con un gran poder, para el cual se auxiliaba de variadas hierbas por ella conocidas, y con la devoción católica por las Ánimas del Purgatorio a las cuales rezaba de manera invariable.
Ocurrió que una vez, estando ella de visita en casa de mi madre en el pueblo donde en ese momento vivía, una de estas tormentas amenazó el lugar, las negras nubes cuajadas de rayos y rugiendo amenazadoramente parecían salir de atrás de los cerros que rodeaban el poblado.
Mi abuela, sin temor alguno salió al camino, frente a la tormenta y armada solo con un machete y un puñado de ceniza, comenzó a rezar; hizo en el suelo una cruz con la ceniza y dirigiéndose a la tormenta hizo la señal de cortarla por la mitad con el machete que relumbraba con los rayos. Los vientos que azotaban su cuerpo, por momentos parecían moverla. Su vestido y el largo cabello negro ondeaban furiosamente, pero ni eso la amedrentó, ella siguió invocando su fé y ordenando a la tormenta que se deshiciera.
-¡Aquiétate!! Decía mirando al cielo embravecido-Te lo mando. ¡Te lo ordeno!!
Fueron minutos de lucha intensa entre la mujer y la naturaleza, al cabo de instantes que parecieron eternos, la tormenta se disipó dejando tan solo algunas gotas de lluvia. Voltearon todos al cielo y se dieron cuanta asombrados que la amenazadora culebra había desaparecido.
-Gracias Doña Luz!¡ Gracias!-los pobladores besaban reverentes las manos de la mujer que los había salvado. Ella impasible, se separó de la multitud y tomó el camino a casa de mi madre.
Era mi abuela una mujer extrañamente fuerte de espíritu. Una luz interior parecía rodearla siempre.
Poseía un gran conocimiento herbolario, que heredó en parte a sus hijas, hablaba veía y dominaba las almas errantes, a las cuales encaminaba al cielo o a las Penas de San Francisco, un lugar donde, al parecer, sufrían peores castigos que en el purgatorio.
Creo que de ella heredé la luz que no me dejó llegar a las tinieblas por completo.
Los ojos de la bruja.
Del libro Relatos de mis abuelos.
Era este un matrimonio joven y vivían en una choza, lejana de cualquier pueblo.
Ella una mujer muy hermosa, de ojos claros y gatunos, y el un ranchero común, con apenas lo necesario para vivir.
A los pocos días de casados, el inquieto esposo se da cuenta que ella no come jamás frente a el aduciendo que ya comió antes o que simplemente no tiene hambre. Se da cuenta también, que por las noches, cuando ella cree que duerme, sale de la choza y regresa poco antes de amanecer.
Un poco receloso, comenta esto en una de las pocas visitas que hace a su madre, afincada en una ranchería de la región.
Su hermana, recelosa siempre de que una mujer tan bella se haya casado con su hermano, le previene de qué se trata de una bruja, de que no come, porque no come lo mismo que él, y de sus salidas nocturnas, le dice que sale seguramente a buscar su alimento, que puede ser sangre humana o animales pequeños.
El hombre se carcajea, no puede creer que su hermana hable en serio.
--Estás loca, no puedes creer esos en serio.
-Todas las brujas-le dice ella- para salir en las noches se ponen los ojos de un gato, que siempre está cerca de ellas y sus ojos los esconden entre las cenizas del fogón.
El hombre queda pensativo. Varios detalles checan con lo que la hermana dice.
-Cuando vuelvan a su casa-aconseja la hermana- hazte el dormido, y cuando se haya ido busca entre las cenizas y encontrarás sus ojos. Escóndelos y espera a que llegue.El hombre, aun sin creer, regresa a su jacal donde su amorosa esposa lo espera.
Esa noche, se van a dormir temprano como todos los días.
Apenas pasada una hora y creyendo que su marido duerme, la jóven deja el lecho y sigilosamente abandona su casa.
-No puede ser!!- el marido, sorprendido se levanta de la cama y decide seguirla. Apenas han pasado unos minutos de que la mujer abandonó el hogar, pero ya no hay ni rastro de ella. La oscuridad es densa en torno a la casita y el hombre regresa adentro, recordando las palabras de su hermana.
Buscó y encontró los ojos de su mujer en las cenizas y los escondió.
Poco antes de que amaneciera la escuchó llegar y se levantó-de donde vienes mujer?-fingió.
-Salí a hacer mis necesidades-explicó sin voltear a verlo-ya que te levantaste tan temprano prenderé el fogón para calentar el café.
-Me parece bien- dijo él-así me iré temprano a la milpa.
Fingió alejarse del fogón, y al regresar a espiar, vió a la desesperada mujer buscando entre las cenizas.
-¿Que buscas?-La mujer se sobresaltó-a ver, voltea a verme.
-No, no- ella agachaba la cabeza, en un vano intento por ocultar sus ojos. Mientras encendía la leña
El hombre al fin le sostuvo la cara y pudo ver a su esposa. Sus ojos eran los del gato. Despertó al animal que corrió topándose con todo.
-En verdad eres una bruja-afirmó.
El llanto brotó de los ojos de la bruja-si, lo soy, pero en verdad te quiero. No quería que lo supieras porque tenía miedo de que tú no me quisieras.
-Devuélveme mis ojos-imploró-y tendrás todo lo que siempre has soñado.
-¿Los quieres?-los sacó de su bolsillo-pues ve por ellos- y diciendo esto los arrojó a la lumbre.
-¡No!!! Que has hecho?-intentó acercarse al fuego, pero el marido lo evitó-te mataré!!! –gritó ella enloquecida de rabia.
El hombre tomó su machete y sin más cortó la cabeza de la mujer. La enterró por allá, y a quienes preguntaron les dijo que un buen día, ella decidió volver con su familia.
Así, quedo el hombre solo en su choza, lo acompañaba un gato, ciego por cierto.
Era este un matrimonio joven y vivían en una choza, lejana de cualquier pueblo.
Ella una mujer muy hermosa, de ojos claros y gatunos, y el un ranchero común, con apenas lo necesario para vivir.
A los pocos días de casados, el inquieto esposo se da cuenta que ella no come jamás frente a el aduciendo que ya comió antes o que simplemente no tiene hambre. Se da cuenta también, que por las noches, cuando ella cree que duerme, sale de la choza y regresa poco antes de amanecer.
Un poco receloso, comenta esto en una de las pocas visitas que hace a su madre, afincada en una ranchería de la región.
Su hermana, recelosa siempre de que una mujer tan bella se haya casado con su hermano, le previene de qué se trata de una bruja, de que no come, porque no come lo mismo que él, y de sus salidas nocturnas, le dice que sale seguramente a buscar su alimento, que puede ser sangre humana o animales pequeños.
El hombre se carcajea, no puede creer que su hermana hable en serio.
--Estás loca, no puedes creer esos en serio.
-Todas las brujas-le dice ella- para salir en las noches se ponen los ojos de un gato, que siempre está cerca de ellas y sus ojos los esconden entre las cenizas del fogón.
El hombre queda pensativo. Varios detalles checan con lo que la hermana dice.
-Cuando vuelvan a su casa-aconseja la hermana- hazte el dormido, y cuando se haya ido busca entre las cenizas y encontrarás sus ojos. Escóndelos y espera a que llegue.El hombre, aun sin creer, regresa a su jacal donde su amorosa esposa lo espera.
Esa noche, se van a dormir temprano como todos los días.
Apenas pasada una hora y creyendo que su marido duerme, la jóven deja el lecho y sigilosamente abandona su casa.
-No puede ser!!- el marido, sorprendido se levanta de la cama y decide seguirla. Apenas han pasado unos minutos de que la mujer abandonó el hogar, pero ya no hay ni rastro de ella. La oscuridad es densa en torno a la casita y el hombre regresa adentro, recordando las palabras de su hermana.
Buscó y encontró los ojos de su mujer en las cenizas y los escondió.
Poco antes de que amaneciera la escuchó llegar y se levantó-de donde vienes mujer?-fingió.
-Salí a hacer mis necesidades-explicó sin voltear a verlo-ya que te levantaste tan temprano prenderé el fogón para calentar el café.
-Me parece bien- dijo él-así me iré temprano a la milpa.
Fingió alejarse del fogón, y al regresar a espiar, vió a la desesperada mujer buscando entre las cenizas.
-¿Que buscas?-La mujer se sobresaltó-a ver, voltea a verme.
-No, no- ella agachaba la cabeza, en un vano intento por ocultar sus ojos. Mientras encendía la leña
El hombre al fin le sostuvo la cara y pudo ver a su esposa. Sus ojos eran los del gato. Despertó al animal que corrió topándose con todo.
-En verdad eres una bruja-afirmó.
El llanto brotó de los ojos de la bruja-si, lo soy, pero en verdad te quiero. No quería que lo supieras porque tenía miedo de que tú no me quisieras.
-Devuélveme mis ojos-imploró-y tendrás todo lo que siempre has soñado.
-¿Los quieres?-los sacó de su bolsillo-pues ve por ellos- y diciendo esto los arrojó a la lumbre.
-¡No!!! Que has hecho?-intentó acercarse al fuego, pero el marido lo evitó-te mataré!!! –gritó ella enloquecida de rabia.
El hombre tomó su machete y sin más cortó la cabeza de la mujer. La enterró por allá, y a quienes preguntaron les dijo que un buen día, ella decidió volver con su familia.
Así, quedo el hombre solo en su choza, lo acompañaba un gato, ciego por cierto.
El decapitado de la huerta.
Del libro Relatos de mis abuelos.
Llegaron mis abuelos maternos a vivir a un racho, que se atravesó en su largo caminar.
Ni tardo ni perezoso Don Venancio se dirigió a la casa grande a pedir trabajo para poder alimentar a la prole que ya caminaba con ellos.
Mi madre, Anita, era una niña entonces.
Toda la familia esperó a mi abuelo a la orilla de una huerta de sandías, y como el hambre era mucha, decidieron tomar alguna fruta mientras esperaban.
Fue mi madre, aventurera y sin miedos, la primera que se adentro al lugar, que estaba rodeado por una cerca de piedras, no muy alta.
El lugar era extenso y había algunos árboles. Fue justamente al pasar por uno de estos, cuando escuchó el ruido como de cascabeles. Volteó, pero no vio a nadie, sin embargo, conforme avanzaba el sonido la seguía, siempre detrás de ella.
Con precaución cortó una sandía, siempre viendo sobre su hombro, y sin dejar de oír el sonido.
Caminó hacia la salida con su preciosa carga y pudo escuchar como si algo se arrastrara tras ella.
Tuvo miedo y apresuró el paso, seguía escuchando los cascabeles, cada vez más cerca.
.-Aquí está –dijo entregando la fruta a su madre-hay un maizal un poco más adentro, si nos quedamos aquí, hay que ir por elotes.
-Y si no nos quedamos también-dijo su hermano-hay que comer.
Mi mamá no les contó lo que le había pasado, ya que no lo creyó importante. Comieron la sandía con deleite ya que llevaban bastantes horas sin probar alimento.
Mi abuelo regresó ya entrada la tarde.
Nos quedamos-les dijo-recojan sus tiliches que hay que ir a la choza que nos prestaron para dormir.-ayudó a mi abuela a ponerse de pie y todos lo siguieron.
El lugar estaba algo retirado de donde estaban así que al llegar ya estaba oscuro.
-Me voy a encargar de cuidar las chivas del patrón-dijo a su familia-prende el quinqué-ordenó a su único hijo varón. La choza era muy pobre, pero grande. Tenía algunos camastros viejos, una mesilla, un fogón y algunos trastes viejos y sucios, pero eso les serviría mientras se hacían de sus propias cosas.
-Hay que madrugar-dijo- acomódense donde puedan.-nadie se atrevió a decirle que no habían cenado, y se durmieron pensando en los elotes que no habían podido saborear.
Mi madre tuvo pesadillas esa noche, pero a nadie le importó.
Al amanecer, ya todos estaba de pie, y curiosamente aunque estaban hambrientos nadie pedía comida .Uno por uno salieron del jacal decididos a encontrar que comer.
Mamá cortó y limpió diestramente algunas pencas de nopal del patio. Encendió el fuego y puso sobe el comal las pencas rociándolas con un poco se sal. Ese fue su desayuno.
Las cosas cambiaron conforme pasaron los días, mi abuelo les proveía ya de leche, huevos, queso, maíz y café, además de la fruta que ellos tomaban de la huerta, a la que mi mamá no había vuelto.
Pero uno de esos días, las hijas del hacendado, de quienes se había hecho muy amiga llegaron a invitarla a cortar elotes para asar, y algunas calabazas y sandías para llevarle a su mamá.
Ella no se opuso, al parecer no recordaba lo que le había pasado el día que llegó al rancho.
Claro que sí-dijo a sus nuevas amigas-esos elotitos no nos caerán mal.
Caminaron hacia el lugar, en amena plática y al llegar se brincaron la barda para no rodear tanto.
-Tú corta algunas sandías, mientras nosotros vamos por los elotes-le dijo la mayor a mi mamá-luego al salir, recogemos las calabazas.-sin esperar respuesta, se encaminaron hacia el otro lado de la huerta, mientras mi madre, inquieta, no dejaba de mirar para los árboles.
De pronto, escuchó el sonido de nuevo acompañado del arrastrar de hojarasca, pero no veía nada, solo escuchaba aterrorizada como el sonido se acercaba cada vez más. Caminó hacia atrás sin dejar de ver hacia donde el sonido provenía, de repente lo dejó de oír y al voltear pudo ver, en el suelo, a sus pies, el cuerpo sin cabeza de un hombre. Su grito retumbó por el lugar, mientras ella se desvanecía.
Despertó ya entrada la noche, en su camastro. Su familia estaba cenando como si nada.
-Ya despertó Anita mamá-dijo una de mis tías. Mi abuelita se acercó a ella.
-¿Qué me pasó?-preguntó mi madre, confundida.
-Dime tú,-respondió mi abuela-las muchachas te oyeron pegar un gritote y cuando fueron por ti, no estabas en donde te habían dejado.
-Vi un hombre sin cabeza un lado del huerto de sandías y ahí mismo me desmayé-tembló mi madre-Fíjese mamá que desde el día que llegamos lo oí en la huerta. Era como el sonido de muchos cascabeles y algo que se arrastraba, pero hasta ahora lo pude ver.
-Pues no estabas en las sandías-dijo su hermana- estabas debajo de un árbol al otro lado de la huerta.
-No puede ser-se asombró ella-estoy segura que me desmayé en el huerto de sandías.
-Si serás tonta-dijo mi abuela-ese sonido es dinero, y el muertito te lo estaba dando a ti. Tienes que volver allá, cuando oigas el sonido y sin voltear tiras tu rebozo hacia donde suenan los cascabeles y todo el oro caerá en el.-mí mamá la miraba con grandes ojos aterrorizados.
-No, no- susurra nerviosa- yo allá no vuelvo.
Pero no fue necesario, el muertito la siguió hasta la misma choza y al caer la noche, mientras ella y toda su familia dormían llegó y la arrastró hasta el árbol donde la habían encontrado la primera vez. Cuenta mi madre el infinito terror que sintió al despertar bajo aquel árbol. Gritó y gritó hasta que su padre la encontró y la llevó de nuevo a casa temblando y llorando presa de una terrible crisis de nervios.
-Se la llevó el muertito-decía mi abuelita-el quiere que ella tenga el oro que enterró, seguramente bajo ese árbol al que la lleva.
-Vamos por el nosotros- dijo mi tío-escarbamos hasta encontrarlo
-No- dijo sabia mi abuela-nadie si no ella lo puede sacar.
-Yo no quiero nada.- Sollozaba mi mamá asustada.
-Nada pasará-la tranquilizó mi abuelo-esta noche yo cuidaré tu sueño.
De nada sirvió, por alguna extraña razón el sueño venció a mi abuelo y mi madre fue arrastrada de nuevo hasta aquel árbol.
Mamá enfermó gravemente y mi abuelo tomó la decisión de irse de aquel rancho antes de perder a su hijita.
La séptima hija.
Herencia familiar.
Es un camino hacia el atardecer. Arriba de una loma se puede ver la pequeña cabaña de madera .Una entrada al frente y una señora que yo no conocía nos recibió.
-¿Es ella? .Le pregunta a mi tía que era la que me llevaba de la mano. Tendría yo 7 años.-mi tía asintió y entramos a la casita. La mujer, desapareció en la cocina y mi tía me hizo tomar asiento en una pequeña mesita con tres sillas. La señora trajo un jarrito con una infusión verde claro, transparente y me la puso delante-tómatelo.-vi la bebida y como no me pareció peligrosa, me la tomé, aunque no toda. No tenía sabor ni olía a nada, después de eso, no recuerdo como, desperté en casa de mi tía.
Esta historia no la recordé hasta muchos años después, y me llegó como un relámpago.
Cuando le pregunté a mi papá y a mi hermana mayor, ellos me dijeron que seguramente era algo que había soñado, ya que nunca, mi tía había salido sola conmigo.
Durante muchos años, realmente pensé que había sido un sueño, hasta que otra tía, hermana también de mi papá, vino a visitarnos.
Le pregunté si ella sabía de la cabaña y de la señora y fue entonces que supe que todo era verdad.
-Esa mujer y tu tía eran brujas-yo la miré algo incrédula-¿Te dieron algo a tomar?-yo asentí- ¿y lo tomaste-se alarmó, yo volví a asentir ya preocupada-¿todo?
-No, bueno al menos es lo que recuerdo, ni siquiera sé como volvimos a la casa, es más tía, ese episodio lo recordé hasta muchos años después.
-Algo vio ella en ti-me dijo pensativa- le hubieras preguntado cuando la viste de nuevo.
-Fíjese tía que la última vez que la vi, ella estaba muy viejita y según mi primo ya no conocía a nadie, pero al ir todos a verla cuando llegamos, los demás se retrasaron en el cuarto anterior al de ella y sin pensarlo avancé y bajé los dos escalones de piedra, en ese instante ella volteó a verme y sonrió de una manera extraña.
-Volviste- dijo.
-Yo me quedé petrificada viendo su mirada de reconocimiento, en eso su semblante cambió y escuché llegar a los demás atrás de mí.
Fue algo aterrador, mi tía volvió a extraviar su mirada y ya no reconoció a nadie ni volvió a hablar en todo el tiempo que estuvimos en su casa, claro que yo procuré no acercarme a ella. Ni siquiera me despedí cuando por fin salimos de ahí.
Luego supe que murió, y procuré olvidar lo que yo creía un sueño.
-No creo que lo hayas soñado hija-me miró seria-¿qué pasó después en tu vida?
-No mucho, las cosas continuaron más o menos igual, sin embargo todas las apariciones y los ruidos eran como más claros…
-¿Que ruidos, qué apariciones?
-¡Ah! Es que usted no sabe. Desde que era niña he tenido la facilidad para ver, oír y sentir la presencia de espíritus, fantasmas y cosas así.
-¿Y luego de la bebida… fué mas fuerte?
-si, más fuerte y mas claro. Fíjese que me seguían las sombras oscuras y se me cargaban los muertos, oía las voces en mi oído, era como si todo se hubiera intensificado.
-En nuestra familia hay personas como tú, muchas más de las que quisiéramos. Es como una herencia, algo que traemos en la sangre, creo que por parte de mi mamá.
Hay brujos buenos y malos, hay espiritistas, adivinadores, en fin. El problema es que no todos se quedaron de lado de la luz, ¿entiendes?- yo asentí.
-También todos nosotros tenemos ese don, unos más y otros menos. Algunos lo ignoran, pero yo tía, lo he cultivado a lo largo de los años y he logrado dominarlo, aunque alguna vez se me escapó de las manos y tuve fuertes encuentros.
Tuve miedo y requerí la ayuda de mucha gente para controlar aquel caudal de almas que saqué del otro lado. Además, no solo eran personas las que cruzaron, había algo mas fuerte, oscuro y pesado que me estuvo asechando por mucho tiempo, atormentándome día y noche, sentí miedo, pero nunca perdí la fuerza, nunca fui débil.
-Eres oscura, pero irradias luz. Tal vez no tomaste el brebaje completo después de todo.
-¿Usted sabe que era esa bebida tía?
-Tengo una idea hija. Y ahora entiendo lo que ella vio en ti… Tal vez pensó que serías una buena sucesora. Alguien a quién legarle todos sus conocimientos… de Magia Negra…
-¿Magia negra?-pregunté incrédula.
-Si hija, tu tía, como algunos otros parientes de mi familia, se dedicó a las artes oscuras, con plena conciencia y aceptación.
También ella fue elegida como pupila por otra pariente, solo que ella no era la séptima y su poder era limitado.
-¿Cómo la séptima, tía?
-Es sabido que el séptimo hijo de una familia tiene poderes especiales. Es como un karma, algo no controlable -siguió mi tía.
-Yo soy la séptima hija de mis padres…
-En ti se juntó todo, por eso ella te quería…
-Pues quererme, quererme, no creo tía, al contrario, desde que nos conocimos, chocamos.
-Por que ella sintió tu poder. Supo distinguir la fuerza de tu espíritu y tal vez se sintió amenazada.
-Yo era una niña tía, y aunque ya tenía el don de ver a los fantasmas, no creo que ella me considerara una amenaza.
-Nunca supimos a ciencia cierta que pensaba ella. Era esquiva, callada.
-Si, lo recuerdo. Al conocerla, sentí miedo, pero al paso de los días, supe que no podía hacerme daño, no sé como, solo lo supe.
-Es por la luz que te protege siempre, esa luz con la que naciste…
¿Sabias que tu abuelita materna era una curandera muy poderosa?-negué con la cabeza-Era yerbera y contactaba almas, todo ayudada por las fuerzas del bien, asistida por las Animas Benditas del Purgatorio.
-Nunca supe eso tía, mamá no habla mucho de mi abuelita, y ni ella cuando vivía me contó nada de sus quehaceres.
-Doña Luz era muy poderosa, aprendió a dominar la naturaleza y su conocimiento de las yerbas era incalculable. Siempre creí que tu mamá lo dominaba también.
-No lo creo, aunque siempre anda haciendo bebidas cuando estamos enfermos.
-Deberías preguntarle.
-Es esquiva en cuanto a cosas que según ella no debemos saber. Nos ha protegido siempre aunque no siempre es claro de que.
A veces, parece que su vista se clava en algo detrás de nosotros; algo que nos causa escalofríos, algo que da miedo.
Fíjese que yo siempre he sentido, casi pudo decirle que veo, como un domo trasparente que protege la casa y a cada uno de nosotros, como un escudo que cubre nuestras vidas.
-Si, eso es se puede hacer para proteger las casas y los entornos de los poderosos.
-Entonces ,esto que me pasa no es algo que algún día terminará?-dije sin tono apenas.
-Temo que no hija...Así nacimos y así morimos.
Yo la miré entre resignada y convencida. No tenía miedo, no tengo miedo aún, aunque las voces y la sombras me siguen a donde voy, un haz de luz parece cubrirme siempre.
Es un camino hacia el atardecer. Arriba de una loma se puede ver la pequeña cabaña de madera .Una entrada al frente y una señora que yo no conocía nos recibió.
-¿Es ella? .Le pregunta a mi tía que era la que me llevaba de la mano. Tendría yo 7 años.-mi tía asintió y entramos a la casita. La mujer, desapareció en la cocina y mi tía me hizo tomar asiento en una pequeña mesita con tres sillas. La señora trajo un jarrito con una infusión verde claro, transparente y me la puso delante-tómatelo.-vi la bebida y como no me pareció peligrosa, me la tomé, aunque no toda. No tenía sabor ni olía a nada, después de eso, no recuerdo como, desperté en casa de mi tía.
Esta historia no la recordé hasta muchos años después, y me llegó como un relámpago.
Cuando le pregunté a mi papá y a mi hermana mayor, ellos me dijeron que seguramente era algo que había soñado, ya que nunca, mi tía había salido sola conmigo.
Durante muchos años, realmente pensé que había sido un sueño, hasta que otra tía, hermana también de mi papá, vino a visitarnos.
Le pregunté si ella sabía de la cabaña y de la señora y fue entonces que supe que todo era verdad.
-Esa mujer y tu tía eran brujas-yo la miré algo incrédula-¿Te dieron algo a tomar?-yo asentí- ¿y lo tomaste-se alarmó, yo volví a asentir ya preocupada-¿todo?
-No, bueno al menos es lo que recuerdo, ni siquiera sé como volvimos a la casa, es más tía, ese episodio lo recordé hasta muchos años después.
-Algo vio ella en ti-me dijo pensativa- le hubieras preguntado cuando la viste de nuevo.
-Fíjese tía que la última vez que la vi, ella estaba muy viejita y según mi primo ya no conocía a nadie, pero al ir todos a verla cuando llegamos, los demás se retrasaron en el cuarto anterior al de ella y sin pensarlo avancé y bajé los dos escalones de piedra, en ese instante ella volteó a verme y sonrió de una manera extraña.
-Volviste- dijo.
-Yo me quedé petrificada viendo su mirada de reconocimiento, en eso su semblante cambió y escuché llegar a los demás atrás de mí.
Fue algo aterrador, mi tía volvió a extraviar su mirada y ya no reconoció a nadie ni volvió a hablar en todo el tiempo que estuvimos en su casa, claro que yo procuré no acercarme a ella. Ni siquiera me despedí cuando por fin salimos de ahí.
Luego supe que murió, y procuré olvidar lo que yo creía un sueño.
-No creo que lo hayas soñado hija-me miró seria-¿qué pasó después en tu vida?
-No mucho, las cosas continuaron más o menos igual, sin embargo todas las apariciones y los ruidos eran como más claros…
-¿Que ruidos, qué apariciones?
-¡Ah! Es que usted no sabe. Desde que era niña he tenido la facilidad para ver, oír y sentir la presencia de espíritus, fantasmas y cosas así.
-¿Y luego de la bebida… fué mas fuerte?
-si, más fuerte y mas claro. Fíjese que me seguían las sombras oscuras y se me cargaban los muertos, oía las voces en mi oído, era como si todo se hubiera intensificado.
-En nuestra familia hay personas como tú, muchas más de las que quisiéramos. Es como una herencia, algo que traemos en la sangre, creo que por parte de mi mamá.
Hay brujos buenos y malos, hay espiritistas, adivinadores, en fin. El problema es que no todos se quedaron de lado de la luz, ¿entiendes?- yo asentí.
-También todos nosotros tenemos ese don, unos más y otros menos. Algunos lo ignoran, pero yo tía, lo he cultivado a lo largo de los años y he logrado dominarlo, aunque alguna vez se me escapó de las manos y tuve fuertes encuentros.
Tuve miedo y requerí la ayuda de mucha gente para controlar aquel caudal de almas que saqué del otro lado. Además, no solo eran personas las que cruzaron, había algo mas fuerte, oscuro y pesado que me estuvo asechando por mucho tiempo, atormentándome día y noche, sentí miedo, pero nunca perdí la fuerza, nunca fui débil.
-Eres oscura, pero irradias luz. Tal vez no tomaste el brebaje completo después de todo.
-¿Usted sabe que era esa bebida tía?
-Tengo una idea hija. Y ahora entiendo lo que ella vio en ti… Tal vez pensó que serías una buena sucesora. Alguien a quién legarle todos sus conocimientos… de Magia Negra…
-¿Magia negra?-pregunté incrédula.
-Si hija, tu tía, como algunos otros parientes de mi familia, se dedicó a las artes oscuras, con plena conciencia y aceptación.
También ella fue elegida como pupila por otra pariente, solo que ella no era la séptima y su poder era limitado.
-¿Cómo la séptima, tía?
-Es sabido que el séptimo hijo de una familia tiene poderes especiales. Es como un karma, algo no controlable -siguió mi tía.
-Yo soy la séptima hija de mis padres…
-En ti se juntó todo, por eso ella te quería…
-Pues quererme, quererme, no creo tía, al contrario, desde que nos conocimos, chocamos.
-Por que ella sintió tu poder. Supo distinguir la fuerza de tu espíritu y tal vez se sintió amenazada.
-Yo era una niña tía, y aunque ya tenía el don de ver a los fantasmas, no creo que ella me considerara una amenaza.
-Nunca supimos a ciencia cierta que pensaba ella. Era esquiva, callada.
-Si, lo recuerdo. Al conocerla, sentí miedo, pero al paso de los días, supe que no podía hacerme daño, no sé como, solo lo supe.
-Es por la luz que te protege siempre, esa luz con la que naciste…
¿Sabias que tu abuelita materna era una curandera muy poderosa?-negué con la cabeza-Era yerbera y contactaba almas, todo ayudada por las fuerzas del bien, asistida por las Animas Benditas del Purgatorio.
-Nunca supe eso tía, mamá no habla mucho de mi abuelita, y ni ella cuando vivía me contó nada de sus quehaceres.
-Doña Luz era muy poderosa, aprendió a dominar la naturaleza y su conocimiento de las yerbas era incalculable. Siempre creí que tu mamá lo dominaba también.
-No lo creo, aunque siempre anda haciendo bebidas cuando estamos enfermos.
-Deberías preguntarle.
-Es esquiva en cuanto a cosas que según ella no debemos saber. Nos ha protegido siempre aunque no siempre es claro de que.
A veces, parece que su vista se clava en algo detrás de nosotros; algo que nos causa escalofríos, algo que da miedo.
Fíjese que yo siempre he sentido, casi pudo decirle que veo, como un domo trasparente que protege la casa y a cada uno de nosotros, como un escudo que cubre nuestras vidas.
-Si, eso es se puede hacer para proteger las casas y los entornos de los poderosos.
-Entonces ,esto que me pasa no es algo que algún día terminará?-dije sin tono apenas.
-Temo que no hija...Así nacimos y así morimos.
Yo la miré entre resignada y convencida. No tenía miedo, no tengo miedo aún, aunque las voces y la sombras me siguen a donde voy, un haz de luz parece cubrirme siempre.
El cazador de brujas.
Mi tío Juan Bautista.
Lo conocí cuando yo tenía siete años y me impresionó de gran manera.
Era una especie de gnomo, y se hacía acompañar de dos enormes perros negros llamados Satán y Luzbel que le llegaban hasta el codo y solo a él obedecían.
Esta es la historia de Don Juan Capuchino, hermano de mi abuelita Francisca, con fama de brujo, aunque en realidad era Bautista.
Nacido el 24 de Junio, sabrá Dios de que año, tenía, por fortuna o por desgracia el Don de poder identificar, atrapar y destruir a cualquier bruja, brujo o cualquier otro ente del Bajo Astral.
Aunque, cuando yo lo conocí, tuve mis dudas, hacia donde se inclinaba realmente. Dato peculiar sobre este personaje es que murió a los 117 años y que se casó y enviudó al menos 14 veces. Al morir le sobrevivió su última esposa que en ese tiempo contaba con 47 años.
Era todo un personaje . Su energía podía sentirse a metros de él, y tenía una mirada por demás poderosa, aunque oscura.
Pero él atrapaba brujas, las hacía caer de sus escobas al suelo y era capaz de quitarles todos los poderes, dejándolas indefensas y según contaban se quedaba con el oro que cargaban en sus peroles.
Los vecinos de Los Caños se fueron a quejar con Don Juan de que una bruja había secado una cosecha, de que había chupado a un bebé, de que habían amanecido animales muertos y de un sinfín de desgracias que ellos atribuían a una bruja, a la que según decían habían visto pasar volando durante varias noches por encima del pueblo.
-Ayúdenos Bautista-decían pesarosos-esa maldita nos está desgraciando toda la vida.
El tío Juan se dirigió al lugar donde se había visto a la bruja y se puso a cuidar el cielo ya caída la noche. En efecto, no pasó mucho para que avistara la luz roja que despedía el perol.
Desanudó la faja de su cintura, la faja del Bautista, bendecida y poderosa y haciendo el primero nudo, rezó una oración. Se escuchó un grito. Cada nudo era una oración y el grito se oía más cerca, hasta que a sus pies, cayó una hermosa joven de cabello negro y ojos gatunos. Junto a ella el perol y la escoba cayeron también.
-¿Por qué me atacas Bautista?-gimió la joven-no te he dañado, ni a ti ni a tu familia.
Don Juan seguía rezando y reforzando nudos en su faja bendita. La bruja se retorcía en la tierra dando lastimeros gemidos-Déjame… déjame.
Lo miró por un instante-Te daré todo el oro de mi perol, pero déjame ir-suplicó.
-Te dejaré ir. Pero te irás lejos del pueblo.-sentenció.
Ella asintió y poniéndose de pie montó en su escoba y emprendió el vuelo.
La sorpresa se la llevó Don Juan al ir a recoger su oro. En el perol solo había excremento de vaca, y bastante oloroso.
-¡Pin%$/ bruja, ya nos veremos otra vez!-una carcajada resonó en lo alto. El Bautista regresó a su jacal muy enojado y desde entonces no perdonó a ninguna bruja, aunque fueron pocas las que se atrevían a cruzarse en su camino.
Lo conocí cuando yo tenía siete años y me impresionó de gran manera.
Era una especie de gnomo, y se hacía acompañar de dos enormes perros negros llamados Satán y Luzbel que le llegaban hasta el codo y solo a él obedecían.
Esta es la historia de Don Juan Capuchino, hermano de mi abuelita Francisca, con fama de brujo, aunque en realidad era Bautista.
Nacido el 24 de Junio, sabrá Dios de que año, tenía, por fortuna o por desgracia el Don de poder identificar, atrapar y destruir a cualquier bruja, brujo o cualquier otro ente del Bajo Astral.
Aunque, cuando yo lo conocí, tuve mis dudas, hacia donde se inclinaba realmente. Dato peculiar sobre este personaje es que murió a los 117 años y que se casó y enviudó al menos 14 veces. Al morir le sobrevivió su última esposa que en ese tiempo contaba con 47 años.
Era todo un personaje . Su energía podía sentirse a metros de él, y tenía una mirada por demás poderosa, aunque oscura.
Pero él atrapaba brujas, las hacía caer de sus escobas al suelo y era capaz de quitarles todos los poderes, dejándolas indefensas y según contaban se quedaba con el oro que cargaban en sus peroles.
Los vecinos de Los Caños se fueron a quejar con Don Juan de que una bruja había secado una cosecha, de que había chupado a un bebé, de que habían amanecido animales muertos y de un sinfín de desgracias que ellos atribuían a una bruja, a la que según decían habían visto pasar volando durante varias noches por encima del pueblo.
-Ayúdenos Bautista-decían pesarosos-esa maldita nos está desgraciando toda la vida.
El tío Juan se dirigió al lugar donde se había visto a la bruja y se puso a cuidar el cielo ya caída la noche. En efecto, no pasó mucho para que avistara la luz roja que despedía el perol.
Desanudó la faja de su cintura, la faja del Bautista, bendecida y poderosa y haciendo el primero nudo, rezó una oración. Se escuchó un grito. Cada nudo era una oración y el grito se oía más cerca, hasta que a sus pies, cayó una hermosa joven de cabello negro y ojos gatunos. Junto a ella el perol y la escoba cayeron también.
-¿Por qué me atacas Bautista?-gimió la joven-no te he dañado, ni a ti ni a tu familia.
Don Juan seguía rezando y reforzando nudos en su faja bendita. La bruja se retorcía en la tierra dando lastimeros gemidos-Déjame… déjame.
Lo miró por un instante-Te daré todo el oro de mi perol, pero déjame ir-suplicó.
-Te dejaré ir. Pero te irás lejos del pueblo.-sentenció.
Ella asintió y poniéndose de pie montó en su escoba y emprendió el vuelo.
La sorpresa se la llevó Don Juan al ir a recoger su oro. En el perol solo había excremento de vaca, y bastante oloroso.
-¡Pin%$/ bruja, ya nos veremos otra vez!-una carcajada resonó en lo alto. El Bautista regresó a su jacal muy enojado y desde entonces no perdonó a ninguna bruja, aunque fueron pocas las que se atrevían a cruzarse en su camino.
El burro perdido.
Mi padre fue a llevar la manada de burros a pastar muy lejos del rancho, en los terrenos mas alejados de la propiedad. Los animales comerían y se ejercitarían hasta que al caer la tarde él debería devolverlos a su corral.
Eran 30 los burros que conformaban la manada. Mi padre ensilló uno y se dispuso a cumplir con la tarea encomendada.
Empezaba a caer el sol cuando mi padre se puso a juntar la manada para devolverlos a sus corrales.
Una vez juntos los animales los contó una y otra vez, para comprobar, preocupado que le faltaba un burro.
-No puede ser. Mi padre me matará-pensaba preocupado.
Dejó a los animales al resguardo de los perros y se fue a los alrededores a buscar al animal. No podía dejarlo en medio del campo porque al caer la noche sería fácil presa de los depredadores, y el no tendría modo de reponérselo a su padre. Siguió buscando hasta casi entrada la noche, pero al ver sus intentos vanos decidió afrontar el castigo que le esperaba y volvió a casa.
Su familia lo esperaba preocupada.
-Por qué se tardó tanto Chepe?-dijo preocupada su mamá.
-Se me perdió un burro madre-el gesto de horror de su madre reavivó su propio miedo.
-¡José!!!- El grito de su padre lo sobresaltó-¿por qué llegas hasta horita?
-No hallaba un burro- dijo mirando a su padre,y esperando resignado el castigo.
-Pues que bueno que si lo hallaste- dijo su padre dejándolo solo y sorprendido.
Rápidamente fue a los corrales y comprobó que los treinta burros estaba en sus corrales. Uno de ellos todavía con los aparejos de montar que el le había puesto.
Mi padre había estado montando el burro perdido durante todo el día.
Eran 30 los burros que conformaban la manada. Mi padre ensilló uno y se dispuso a cumplir con la tarea encomendada.
Empezaba a caer el sol cuando mi padre se puso a juntar la manada para devolverlos a sus corrales.
Una vez juntos los animales los contó una y otra vez, para comprobar, preocupado que le faltaba un burro.
-No puede ser. Mi padre me matará-pensaba preocupado.
Dejó a los animales al resguardo de los perros y se fue a los alrededores a buscar al animal. No podía dejarlo en medio del campo porque al caer la noche sería fácil presa de los depredadores, y el no tendría modo de reponérselo a su padre. Siguió buscando hasta casi entrada la noche, pero al ver sus intentos vanos decidió afrontar el castigo que le esperaba y volvió a casa.
Su familia lo esperaba preocupada.
-Por qué se tardó tanto Chepe?-dijo preocupada su mamá.
-Se me perdió un burro madre-el gesto de horror de su madre reavivó su propio miedo.
-¡José!!!- El grito de su padre lo sobresaltó-¿por qué llegas hasta horita?
-No hallaba un burro- dijo mirando a su padre,y esperando resignado el castigo.
-Pues que bueno que si lo hallaste- dijo su padre dejándolo solo y sorprendido.
Rápidamente fue a los corrales y comprobó que los treinta burros estaba en sus corrales. Uno de ellos todavía con los aparejos de montar que el le había puesto.
Mi padre había estado montando el burro perdido durante todo el día.
La tía Coleta.
La tía que viajaba por debajo del mar.
La tía Coleta era hermana de mi abuelita Luz, y un día se fue del Saucillo, algunos decían que se la llevó un militar, pero mamá no recuerda. Simplemente un día se fue.
Mi mamá era muy chica cuando la conoció. La tía Col llegó un día cargada de regalos para todos .Vestía muy elegante, maquillada y con sombrero. Era la sensación del pueblito.
Les contó que para llegar, viajaba mucho tiempo bajo el mar-mamá cree ahora que en un submarino-y que por eso no podía venir tan seguido como ella quería.
Sin embargo la vieron algunas veces más, hasta que un día ya no volvió.
Nadie le preguntó nunca donde vivía o con quién. O por qué tenía dinero y ropa tan elegante.
Así eran ellos, solo la recibían como su familia que eran y la despedían igual. Nadie preguntaba.
Así que la tía Coleta se perdió, como muchos otros familiares de los que no volvieron a saber.
La tía Coleta era hermana de mi abuelita Luz, y un día se fue del Saucillo, algunos decían que se la llevó un militar, pero mamá no recuerda. Simplemente un día se fue.
Mi mamá era muy chica cuando la conoció. La tía Col llegó un día cargada de regalos para todos .Vestía muy elegante, maquillada y con sombrero. Era la sensación del pueblito.
Les contó que para llegar, viajaba mucho tiempo bajo el mar-mamá cree ahora que en un submarino-y que por eso no podía venir tan seguido como ella quería.
Sin embargo la vieron algunas veces más, hasta que un día ya no volvió.
Nadie le preguntó nunca donde vivía o con quién. O por qué tenía dinero y ropa tan elegante.
Así eran ellos, solo la recibían como su familia que eran y la despedían igual. Nadie preguntaba.
Así que la tía Coleta se perdió, como muchos otros familiares de los que no volvieron a saber.
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